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miércoles, 20 de mayo de 2009

Un periodismo camaleónico

Hablar del periodismo peruano es hablar de una parte sesgada de nuestra historia. Una profesión que, pese a ser rica en emociones y tener una evolución constante, se convirtió, en una época, en una marioneta del poder político y sus fuertes ambiciones económicas.

Una época para el olvido
No puedo recordar el periodismo antiguo, pero sí viene a mi memoria el que vivimos en la década del 90, cuando los Medios de Comunicación masiva vendieron sus líneas editoriales al gobernante de la época, Alberto Fujimori, quien logró que en nuestro país existiera solo una tendencia: la fujimorista.

En el 2000 llegan los cambios, al destaparse los actos de corrupción del gobierno de turno. El periodismo abierto no fue parte de esta independencia profesional, sino los fueron los canales y medios cerrados, los cuales aún mantenían su independencia ante un poder político opresor y que tomaba revanchas frente a sus adversarios, ya sea en el ámbito político como en la diversidad ideológica.

Al terminar el gobierno fujimorista, luego de una huida eficaz del entonces mandatario peruano, el periodismo volvió a tomar las riendas de su verdadero eje, es decir, el objetivo que lo hace ser llamado ‘El cuarto poder’. Con la caída de Fujimori, muchos empresarios que vendieron las líneas editoriales de sus Medios de Comunicación fueron juzgados, encarcelados y quedaron fuera de la profesión.

Una lucha por voltear la página
Es allí donde empieza una lucha constante del periodista por cambiar la historia, darle vuelta a la página y crear una nueva etapa en esta profesión de valientes, donde la principal cualidad es saber enfrentarse al poder cuando el hecho lo amerite y negarse a complacer los antojos que los políticos tienen cada cierto tiempo.

Se crea, en este ambiente de recobrar la confianza del público representado por el periodista, un periodismo más vivo en investigación y dispuesto a olvidar lo vivido. Es allí donde se presentan hechos de corrupción graves en todos los medios y que investigan con tanto ahínco para obtener la preciada noticia de la que se vive.

Un periodismo sin representantes
Lo negativo en este mundo periodístico es que no poseemos un representante fuerte, preparado y consolidado para representar los intereses del que ejerce la profesión; además de regular a los Medios que no cumplen con una de las principales tareas: ejercer una independencia total frente a las filtraciones políticas.

Es allí donde se observan diarios que circulan a nivel nacional donde se da un apoyo descarado a un político o candidato presidencial, el cual está manejado, en muchos casos, por personas que tienen otra profesión o que son cercanos a estos actores que dicen representan al pueblo en tareas políticas, pero que, en realidad, buscan satisfacer sus propios intereses.
Si uno pasa por un puesto de periódicos, donde se pueden ver las portadas de los principales diarios nacionales, se observa que diarios como ‘La primera’ o ‘La razón’ apoyan directamente a diversos partidos, en este caso, al Humalismo y al Fujimorismo.

Este sentido debe ser regulado por un Colegio de periodistas regulado y cohesionado para evitar diversos percances que perjudiquen la imagen del que ejerce la profesión ante la opinión pública.

Asimismo, este organismo debe demandar que en televisión, prensa y radio haya tantos abogados, ingenieros, economistas, etc. que conducen programas o secuencias y que se hagan ser llamados periodistas, cuando en realidad no lo son y no lo serán, pues no es su verdadera vocación.

Un periodismo ensangrentado
Otro aspecto importante que resalta en el periodismo es que el periodismo en el mundo entero y, con un grado más alto, en nuestro país, se ha convertido en una profesión amarilla, con una gran escala de sensacionalismo que convierten las pantallas de televisión o las páginas de los diarios en una vertiente de sangre, además de una invitación al erotismo y pornografía.

El periodismo, en muchos casos, es la nueva vedette del país, no solo por las portadas o contraportadas, donde aparecen mujeres casi desnudas – en muchos casos completamente desnudas – sino también porque ahora el periodismo, más que informar, trata de entretener y vender.

Es indudable que un Medio de Comunicación es una empresa, la cual debe vender para ser rentable y poder subsistir, pero no se debe olvidar el origen y misión del periodismo, un periodismo serio, que era veraz e informaba de una manera adecuada un hecho.

Uno está cansado de leer diariamente de muertes y ver fotos de personas ensangrentadas, eso ya quedó en el pasado. Tampoco se quieren ver imágenes de crímenes u otros hechos que puedan dañar la susceptibilidad de una persona.

El periodismo es camaleónico, definitivamente cada periodista tiene un estilo diferente y una forma de percibir los hechos distinta, pero lo que no se debe perder en el periodismo es la misión: informar y educar personas, hacerlas conocer de lo que sucede sin llegar al sensacionalismo y erotismo.

Esa es una tarea difícil, pero que debe hacerse para cambiar las cosas, para llegar a ser una gran potencia en la profesión y no dejar que nuestras informaciones sean las prostitutas del país, leídas por todos, pero sin contenido alguno.
 

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